¿Cómo tener una buena relación con mi hija o hijo?

Cuando los bebés nacen intuyen que su supervivencia depende de su madre, padre o cuidador, por esto la necesidad innata de conectarnos y tener un vínculo fuerte con los demás. Cuando la niña o el niño siente que el vínculo está en peligro recurre a cualquier tipo de conducta (adecuada o inadecuada) para tener a su cuidador cerca.

Por esto, nuestra primera tarea como madre, padre o cuidador es trabajar por una relación fuerte donde las hijas e hijos se sientan seguros, protegidos, importantes y amados.

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Para fortalecer la relación debemos:

Dedicar un tiempo especial a nuestra hija o hijo diariamente

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Es un tiempo de encuentro, sin pantallas y sin reclamos, donde todos disfruten de las actividades compartidas. El mejor tiempo especial es aquel donde el pequeño se siente competente y donde puede mostrar sus habilidades. No debemos utilizar los momentos compartidos, como las comidas familiares, para estar corrigiendo y sermoneando.

Conversar

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La conversación familiar en distintos momentos es muy poderosa porque, además de fortalecer la relación, enseña habilidades de comunicación, habilidades sociales, amplía conocimientos, fortalece la autoestima, entre otros.

Demostrar afecto cada día

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Puede ser con besos, abrazos, sonrisas, frases alentadoras o reconocimientos emocionales (no materiales).

Demostrar amor incondicional

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Aún en los momentos de corrección, las niñas, niños y adolescentes deben sentir que es por su bien (y no por el bien del adulto) y que sin importar el error, el amor de las madres, padres y cuidadores sigue intacto.

Fomentar su participación y toma de decisiones

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Debe sentir que confiamos en ella o en él y que es importante y parte de la familia. También debe tener responsabilidades dentro de la casa acordes con su edad y posibilidades (por ejemplo, involucrarlo en el cuidado de una mascota, organizar, limpiar o recoger los platos).

Reconocer, estimular y fomentar sus fortalezas

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Aún en los momentos de corrección todas las niñas, niños y adolescentes, independientemente de sus condiciones físicas o mentales, tienen fortalezas que podemos potencializar, reconocer y aprovechar para desarrollar nuevas habilidades. Los adultos cuidadores tenemos una tarea importante en ayudarles descubrir las fortalezas que les permitirán conseguir los objetivos en sus vidas.

Las madres, padres y cuidadores que logran una buena relación con sus hijas e hijos logran más cooperación de su parte y se convierten en líderes que inspiran, que enseñan con el ejemplo y que logran persuadir sin recurrir a premios o castigos.

Un consejo:
Cuando la conducta de las hijas e hijos se esté poniendo difícil para usted, deje de regañar y castigar y vuelva a buscar formas para fortalecer la relación y el vínculo. “Primero la conexión antes de la corrección” (Jane Nelsen).